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Capítulo 1

jueves, 12 de agosto de 2010.
En un lugar de Irlanda, llamado Carlingford, al norte de Louth, vivía una joven campesina, de nombre Estela, que desde pequeña había estado rodeada por un misterioso halo de magia. La joven vivía con su padre, puesto que su madre había muerto al darla a luz.

La joven no era muy alta, y tampoco tenía una complexión demasiado delgada. Su pelo era negro como el azabache, y sus ojos eran marrones. Tenía la nariz pequeña, y sus labios eran finos, como los de su madre.

La muchacha no tenía muchos amigos, pero aún así, vivía feliz ayudando a su padre a hacer las tareas del campo, como buena joven en edad de merecer, aunque a sus 16 años, ningún hombre se había decidido a pedir su mano.

Un buen día, ayudando a su padre a recoger la fruta madura del campo, se fijó en que un joven se había quedado mirándola embobado. Ella, cohibida, retiró la mirada enseguida, sin darle tiempo al muchacho a dirigirla una sola palabra.

A la mañana siguiente, cuando se levantó, oyó que su padre estaba hablando con un hombre, pero ella no tenía hermanos, con lo que no podía ser alguien de esa casa, así que se lavó la cara, se peinó, se vistió, y se encaminó al comedor, a recibir a la visita, y a desayunar. Pero su sorpresa fue que no era un hombre mucho mayor que ella ni de buen vestir, sino que era el joven que la mañana anterior la había mirado tan fijamente. Ella volvió a retirar la mirada, como el día anterior, y se encaminó a la cocina.

-Lo siento, joven, pero no puedo darle la mano de mi hija- dijo el padre de Estela.

-Pero, ¿por qué?-preguntó el joven.

-Porque usted no es un hombre de poder. No tiene nada que pueda mejorar su vida.

-Pero...

-Ni peros ni nada. Por favor, salga de mi casa, y no vuelva a intentar pedir la mano de mi hija-exclamó el hombre antes de cerrar la puerta tras del joven.

-Padre,-dijo la joven,- ¿quién era ese chico?

-Un desgraciado que quería pedir tu mano. Pero se la he negado. No tiene nada que pueda mejorar tu vida. Es como nosotros. Un campesino sin poder.

-Pero, padre, algún día me enamoraré, ya sea de un campesino o de un hombre rico. En cualquier caso, ¿tendríais en cuenta mis sentimientos?

El hombre se quedó dudando por un momento, pero a Estela no le hacían falta las palabras de su padre para tener una respuesta. Su mirada era suficiente para ver que a su padre le primaba la economía de su hija sobre los sentimientos. La muchacha salió de su casa llorando desconsolada, dolida por la muda confesión de su padre. Estela recorrió algunas calles, llenas de gente que se volvía para mirarla, hasta que llegó bajo un pequeño puente por el que iban los carruajes. Se sentó en el bordillo que había a un lado, y allí se quedó con la cabeza apoyada sobre las rodillas, y abrazándose las piernas.

De pronto, escuchó unos pasos tranquilos bajo el puente, pero le dio miedo levantar la cabeza para mirar quién se acercaba, pero escuchó una voz reconfortante que trasmitía tranquilidad y bondad.

-¿Por qué estás aquí sola y triste? Deberías estar ayudando en el campo a tu padre, como haces cada mañana, y después entras en casa. Más tarde vuelves a salir y paseas por el mercado, alegre y risueña, como siempre. Compras algunas cosas para comer, y vuelves a casa con una sonrisa en los labios, como cada día.

La joven levantó la cara, húmeda por las lágrimas, y miró al joven que estaba sentado a su lado. Era el joven del día anterior, y el de hacía un rato. Fue en ese momento cuando verdaderamente se fijó en su rostro. Tenía los ojos azules, y el pelo rubio recogido en una larga coleta. Su sonrisa era bondadosa, y sus ojos transmitían una luz que jamás había visto en ninguna persona. Le invadió una ola de felicidad que nunca habría imaginado. Al fin alguien se daba cuenta de lo que hacía y de la felicidad que le inundaba hacerlo.

Tras esto, Estela le intentó dirigir unas inaudibles palabras:

-¿Tú... llevas mucho...? Es decir, ni siquiera... ni siquiera sabes mi nombre... ¿Cómo...?

El joven se llevó un dedo a los labios y musitó:

-No es necesario hablar con alguien para enamorarse. Puedes enamorarte de los actos y la actitud de una persona al realizar los susodichos...


Y aquí termina el capítulo de hoy. El primero, el cual dedico a una personita muy especial para mi, uno de mis mayores amigos: Recosmix. El que me ayudó a crear este blog y gracias al que pude empezar este capítulo...
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